Hoy quiero hablarte del retinol. Y probablemente mi opinión no sea la más popular de la industria cosmética.
Primero voy a decir algo importante e innegable: sí, el retinol funciona.
Tiene evidencia científica mejorando textura, líneas de expresión, manchas y síntesis de colágeno. Eso es real. Y por eso se ha convertido en uno de los activos anti-edad más vendidos del mundo.
Pero hay otra parte de la conversación de la que nunca se habla.
Como debes saber, los retinoides llevan años estando totalmente contraindicados durante el embarazo porque se consideran sustancias altamente teratogénicas. Es decir, pueden causar alteraciones graves en el desarrollo fetal.
Y aquí es donde a mí siempre se me activa el sentido común.
Porque si una sustancia tiene capacidad de atravesar barreras biológicas y generar ese nivel de impacto en un embarazo, inevitablemente me pregunto: ¿qué ocurre con la exposición acumulativa durante años aunque no estemos embarazadas? Ojo, y no lo digo desde el alarmismo, lo digo desde la prudencia y la reflexión.
Y sí, entiendo perfectamente que en algunos casos concretos pueda estar totalmente justificado. Por ejemplo, bajo prescripción médica y durante periodos controlados en personas con acné severo o acné quístico importante. De hecho la isotretinoína oral sigue considerándose uno de los tratamientos más eficaces para casos graves de acné.
Pero otra cosa muy distinta es normalizar concentraciones cada vez más altas en cosmética de libre venta para uso continuado durante años.
Durante los últimos años hemos visto aparecer productos al 0,5%, 1% e incluso superiores mientras muchas pieles vivían constantemente, inflamadas, descamadas, reactivas, y normalizando el ardor, con cada vez más casos de sensibilidad cutánea etc etc..
De hecho, la Unión Europea por fin ya ha empezado a limitar oficialmente las concentraciones de retinol y derivados de vitamina A en cosmética. El Reglamento (UE) 2024/996 establece un máximo de 0,3% en productos faciales y 0,05% en productos corporales debido a la preocupación por la exposición acumulativa a vitamina A.
Y aunque eso no significa que el retinol esté “prohibido”, sí demuestra que incluso los organismos reguladores empiezan a mirar el tema con más prudencia.
En mi humilde opinión, la Unión Europea en cuestión de cosmética, regula bastante bien, pero llega tarde en muchos casos.
Por eso en Ami Iyök siempre hemos preferido otro enfoque, fórmulas inteligentes, sinergias, diversificación de activos, y concentraciones respetuosas.
Nos encanta el Bakuchiol como alternativa “retinol-like” y cuando utilizamos derivados de vitamina A solemos optar por versiones mucho más suaves y respetuosas como Retinyl Palmitate encapsulado y en concentraciones muy bajas, ya que preferimos sinergias inteligentes con otros activos, antes que inundar la fórmula de un solo activo concentrado.
Sinceramente nunca creeré en agredir la piel para renovarla.
Creo en estimularla progresivamente, proteger su barrera y trabajar a largo plazo con fórmulas equilibradas donde muchos activos colaboran entre sí sin poner la piel en estado de alerta constante.
Una piel tranquila envejece mejor, créeme!😊
Que opinas de todo esto? Te escucho!