|
Una pareja que lo deja todo para instalarse en la casa de piedra del bisabuelo en un pequeño pueblo de los Arribes del Duero, un paisaje fluvial de ensueño salpicado de pequeñas parcelas de viñedo y cepas centenarias plantadas con variedades locales casi extintas. La historia de esta bodega tiene todos los ingredientes que nos gustan, y por si fuera poco, sus vinos están buenísimos. Desde sus blancos fermentados en barrica o sobre lías hasta sus tintos Sin Blanca o Buena Jera, todos cuentan con altas puntuaciones por parte de Luis Gutiérrez. Y además, estrenamos su colaboración con Niepoort, un Nat Cool fresco y de trago largo que resulta óptimo para este verano.
|