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En Ribeira Sacra los viñedos desafían la gravedad con pendientes que superan los 45 grados de inclinación. La viticultura deja de ser un oficio para convertirse en una gesta heroica. Es aquí, entre suelos de esquisto y una verticalidad que quita el aliento, donde nacen los vinos de Algueira, la expresión del esfuerzo humano frente a una naturaleza indómita. Para quienes perseguimos la frescura vibrante en un tinto y la mineralidad eléctrica en un blanco, esta bodega es nuestro santo grial. Para quienes no lo saben, también.
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