Hola:
Soy Ana Serrano, del equipo de Selección y Ventas de Bodeboca.
Hay gente que te recibe y gente que te agasaja. Josu Amatria y Raquel Elizalde son de los segundos. Los descubrimos hace dos años casi sin querer, y aquella cata terminó, meses después, en un viaje hasta Tierra Estella, en el corazón de Navarra, para ver con nuestros propios ojos las parcelas de las que tanto nos habían hablado.
Y allí entendimos algo: que el vino de Amatria no se puede separar de la forma en que Josu y Raquel abren su casa: generosos con el tiempo, generosos con la historia, generosos con lo que sirven.
El Despistao es su manera de decir "pasa, siéntate", fruta roja fresca y sin artificios. Son de la Guarda es el rosado que refresca a media tarde. El homónimo Amatria es el plato fuerte, esas viñas centenarias en vaso dando apenas 1.500 botellas de un vino que abraza más que impresiona. Y El Temblón cierra la sobremesa cruzando al Najerilla riojano.
Son vinos sabrosos, con fruta de verdad y la estructura y la acidez de quien sabe exactamente lo que quiere hacer con una Garnacha vieja —y eso, con lo jóvenes que son Josu y Raquel en esto, dice mucho del talento que tienen entre manos—.
Amatria es puro arte de recibir. En casa, sin impostura, con la generosidad por delante.
|