Hola.
Soy Ana Serrano, del equipo de Selección y Ventas de Bodeboca.
Hay elaboradores que hablan de su vino y elaboradores que son su vino. Roberto Oliván es de los segundos. Tentenublo fue de las primeras bodegas que me enamoró de verdad, no por lo que contaba sino por lo que no ocultaba: tiene una personalidad arrolladora y una honestidad que no se finge, y eso pasa directo a la copa. Con Roberto no hay relato construido, hay lo que hay.
Trabaja en Viñaspre, en uno de los rincones más altos y duros de la Rioja Alavesa, a más de 600 metros, donde las viñas viejas se pelean con suelos de margas y areniscas además de un clima que no perdona a nadie. Es una de mis zonas favoritas de toda España, y lo que hace Roberto ahí — recuperar parcelas olvidadas, viñedos de aldea, variedades que nadie miraba — me tiene cautivada desde el primer día.
Tentenublo Tinto es la puerta de entrada, el retrato más fiel de esa tierra. Xérico rinde homenaje a los cosecheros que llevaban generaciones trabajando estas viñas antes que él. Y Custero recupera el cosechero de siempre, todas las variedades del pueblo revueltas y pisadas como se hacía antaño, sin ningún artificio.
Tentenublo no busca gustar, pero sí la honestidad. Y por eso, cuando gusta, gusta de verdad.
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