El final del verano marca el inicio de uno de los periodos de mayor renovación capilar del año.
A partir de septiembre es habitual observar un aumento de la caída del cabello, al igual que las hojas de los árboles. Se trata de un proceso fisiológico conocido como efluvio estacional, en el que un mayor número de folículos entra de forma sincronizada en la fase de caída (telógena).
En la mayoría de los casos es un proceso temporal. Sin embargo, cuando el cabello ya presenta baja densidad, pérdida de grosor o crecimiento lento, esta caída puede afectarte más tanto física como psicologicamente.
Además de la predisposición genética o los factores hormonales sobre los que no podemos trabajar, existen otros aspectos que sí podemos optimizar para favorecer un ciclo capilar saludable:
🍎 Mantener una alimentación rica en vitaminas, minerales y proteínas de calidad.
⛲ Favorecer una correcta hidratación del organismo.
🧫 Utilizar un champú que respete el microbioma y el pH del cuero cabelludo, evitando ingredientes agresivos que comprometan la función barrera.
Cuando asesoramos a una clienta que desea prevenir la caída estacional o mejorar la calidad del cabello, solemos recomendar un protocolo basado en tres pilares:
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