En la Milla de Oro de Ribera del Duero, entre Pesquera y Valbuena, hay viñedos que marcan el ritmo sin necesidad de forzar nada. Laderas bien orientadas, suelos calizos, equilibrio natural. De ahí nace cada añada de Hacienda Monasterio.
Y ahora llega la 2023.
Detrás está la mirada de Peter Sisseck, uno de los nombres más influyentes del vino en España, y el trabajo constante, meticuloso, de Carlos de la Fuente, quien conoce cada parcela y cada vendimia al detalle. Más que dos firmas, es un equilibrio entre visión y precisión que se nota en el resultado.
El vino se construye desde ahí. Tinto fino como base, con un pequeño aporte de cabernet sauvignon y merlot que suma profundidad y un ligero aire bordelés. Vendimias ajustadas a cada año para preservar frescura, fermentaciones con levaduras propias y una crianza de 17-18 meses en roble de Allier, pensada para acompañar, no para dominar.
En copa aparece definido y mineral, con fruta roja fresca —fresa, cereza— y un fondo mentolado que se integra con la madera. En boca es donde se entiende todo: entrada limpia, fluida, con energía, volumen en el centro y unos taninos que sostienen sin endurecer. Hay jugosidad, hay equilibrio y hay recorrido.
Final largo, fresco, con ese punto de elegancia que no se fuerza.
No es solo un gran Ribera. Es uno de esos vinos que mantienen su sitio año tras año porque están bien medidos desde el origen.
Hacienda Monasterio 2023 ya está aquí.
Y cuando una casa así lanza nueva añada, lo importante no es explicarlo. Es abrirla.